FMI: combustible del gobierno neoliberal de Mauricio Macri

Este domingo concluyó en Buenos Aires la Cumbre de Ministros de Finanzas y Presidentes de Bancos Centrales del G-20, una reunión previa al foro que reunirá el 30 de noviembre y el 1ero de diciembre en la capital bonaerense
Cuando Macri planificó esta reunión de países ricos y otros menos ricos, creía que en la Casa Blanca estaría Hillary Clinton, y que mostraría su ciudad como la más liberal y propicia para el dialogar sobre el comercio mundial, pero no imaginó que tras ganar Trump foros multilaterales como estos no verían la luz nunca más.
El FMI ha sido el azote de los países del Tercer Mundo
Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional, estuvo en la reunión. Fue recibida con sonrisas y besos por Macri, y con gritos y críticas en las calles.
El FMI es la salvación para el presidente argentino, el combustible que necesita para ser más neoliberal que nadie, endeudarse hasta los codos, pero flotar, mientras tendrá que pagar con dinero y con subordinación al FMI, ese que te fía hoy y te deja con los bolsillos vacíos mañana.
Al escuchar el discurso final de Macri uno puede convencerse de que evidentemente el mandatario o está muy desinformado, o escoge ver lo que quiere y no lo que es.
Dijo en su discurso edulcorado y acicalado que había rumbo, esperanza, a pesar de algunas adversidades… No es exacto, el diálogo entre los encargados financieros de bancos y naciones fue en el Centro de Exposiciones y Convenciones de Buenos Aires.
A las afueras varios dispositivos de seguridad y de enfrentamiento a protestas, camiones lanza agua, efectivos en grandes cantidades, un ensayo para lo que se vivirá en la Cumbre en noviembre.
Pero lo que quizás no valoraron es que había que tener antidisturbios también al interior del salón.  No hubo consenso, y la guerra comercial ya deja de ser una especulación para convertirse en una realidad.  Macri no se entera todavía de que Donald Trump ha iniciado dos guerras.  Una contra los que más venden a Estados Unidos, dígase México y China, poniendo impuestos a las importaciones que provienen de esos países.
Eso encarece los procesos, y rompe con el estado de cosas hasta el momento. China responde, en lo que puede significar el comienzo de esta contienda que no conviene a nadie. La otra guerra es contra los foros multilaterales. 
Trump ha dicho que la ONU es un lugar donde un montón de diplomáticos van a pasarla bien.
Fue a la Cumbre de la OTAN a pedir dinero y decir que su país no pondría tanto para la seguridad del bloque.  Se enfrenta a la Unión Europea, y defiende el Brexit, y el desmembramiento de todo aquello que alguna vez estuvo unido, incluyendo el Tratado de Libre Comercio con México y Canadá.
La administración Trump ha usado el proteccionismo como arma 
Prefiere el proteccionismo, eufemismo que significa cerrar puertas, y regular para evitar la inevitable globalización. Recordemos lo que Trump intenta revertir: él mismo contrata por menos dinero a inmigrantes, los iphone se producen en China no porque les guste el arroz, o quieran ayudar al gigante asiático, sino porque el mercado ubica la industria allí donde más eficiente es. En este contexto Trump le da la espalda a lo logrado en términos de ponerse de acuerdo en este mundo tan interconectado. Él no quiere foros, prefiere diálogos bilaterales, a lo cortico, nada de mesas con todos presentes, y diálogos transparentes.
Por tanto, el G-20 es otra oportunidad para dar perreta y defender el proteccionismo que es confirmar su misión: debilitar todo bloque, divide y vencerás.  Macri tiene entonces un problema: por un lado necesita mostrarse como la capital del neoliberalismo, el país que espera en sequía la lluvia de inversiones extranjeras.
Pero debe acatar al dedillo lo que Washington diga, insinúe o piense, y ahora esos dos propósitos se contradicen y son imposibles de cumplir
¿Por dónde se irá entonces?
Habrá que esperar a que se entere que el mundo está como está, y no como él quiere… Ya partió Christine Lagarde, con el mal sabor de una reunión que se antoja imposible, pero Lagarde abandona Argentina con un mal presagio, al tomar el avión, con un destino donde es mucho más bienvenida: se dirigía a Miami, la aeronave tuvo un escape de combustible y tuvo que regresar a tierra austral.
Un buen susto allí donde sabe que no le ofrecen ni agua, a excepción de Macri claro está. El documento que selló el encuentro pronostica huracán para el G-20, en un mundo que ya ni para repartirse el comercio mundial se pone de acuerdo.

Cristina Escobar

Periodista del Sistema Informativo de la Televisión Cubana y Canal Caribe

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