Una escuela armada no es la solución presidente Trump

La realidad supera la ficción en Estados Unidos. Una cosa es ver los tiroteos en las películas y otra muy diferente es que un padre se entere de que su hijo fue a la escuela y ya no volverá porque recibió una bala. Los ciudadanos están cansados de la inacción.

Desde 2013 ha habido 291 tiroteos en las escuelas del país, que lleva un promedio de uno a la semana. Pero este último que ocurrió en Florida ha marcado la diferencia. Un movimiento social generado por jóvenes ha obligado a Donald Trump a sentarse con las familias de las víctimas, aunque solo sea para fingir ante las cámaras y llevar un papel con frases tan obvias como siento tu dolor, algo que al parecer no sale de forma espontánea en el mandatario.

Las soluciones de Donald Trump para este problema es armar a los profesores. Si a usted le suena ilógico imaginase cómo lo interpreta un maestro.

Al mismo tiempo, el presidente llamó a fortalecer el sistema de revisión de antecedentes penales de las personas que compran armas de fuego, y se mostró a favor de elevar la edad mínima para adquirirlas de 18 a 21 años. Estas propuestas son epiteliales para un cáncer que ya tiene metástasis.

Los jóvenes están poniendo a los políticos contra la pared. Una estudiante le cuestionó al propio Trump cuánto recibió de la asociación nacional de Rifle para su campaña. Pues nada menos que 30 millones de dólares. Esto es un pacto. Yo te ayudo a llegar al poder y tú una vez en el trono, no olvidarás cómo llegaste ahí.

Así mismo sucede con el senador republicano Marco Rubio que se quedó sin palabras ante los padres de las víctimas, cuando uno de ellos le preguntó si volverá a aceptar patrocinio de la asociación del rifle que desembolsó tres millones a su última contienda electoral.

Ante eso solo les queda bajar la cabeza y sus frases de solidaridad emocional se evaporan en el aire…
Y en medio de todo esto, la asociación nacional del rifle también salió a quitarse la culpa. El líder de la organización que se promueve defensora de los derechos civiles, rechazó cualquier responsabilidad en lo sucedido, defendió la posesión de armas y le pasó el batón al FBI por los muertos.

Ojalá este suceso no pase a la historia como una noticia más que se olvida dentro de poco. Ojalá las demandas de los jóvenes puedan más que el poder del dinero que generan las armas en la política. Por el momento es una batalla entre el dolor de las víctimas y una industria de armamento que no está dispuesta a parar.

El control de armas requiere de medidas legislativas y de transformaciones en la conciencia cultural del propio estadounidense. Pero eso depende en gran medida de cambiar los conceptos. Una escuela armada no es la solución presidente. Las plegarias tardías en twitter tampoco lo son.

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