Elecciones en Cataluña: una caja de Pandora

De la efervescencia mediática a una meseta de silencio y ahora nuevamente a primeras planas cuando faltan menos de 48 horas para las elecciones en Cataluña, esas que fueron convocadas por el gobierno español, para frenar la crisis política que los intentos de separatismo de esa provincia aceleraron.
Desde el referendo que dio la victoria al sí independentista, aunque con participación de menos de la mitad del padrón electoral, ha habido desde represión, cárcel para las autoridades soberanistas hasta masivas manifestaciones populares en uno y otro sentido: nacionalismo y prounidad.

Lo que está en juego este jueves es la composición del nuevo parlamento catalán. De la formación política que obtenga mayoría en el legislativo dependerá el liderazgo ejecutivo y en consecuencia, si se mantienen dominando los partidos con aspiraciones separatistas o vuelven los tradicionales a la presidencia catalana.

Por tanto, el 21D puede ser punto final a la crisis o sencillamente un punto y seguido con tintes de suspensivos. Si el oficialista Partido Popular no se hace con el respaldo suficiente, toda la polémica volvería a reanudarse. La limitante para los independentistas radica en que han llegado totalmente divididos a estos comicios, porque por encima de la causa soberanista hay intereses particulares incluso burgueses que hacen tambalear el proyecto nacionalista con raíces en la historia del imperio español.

De encuestas ni hablar: según los últimos sondeos Esquerra Republicana y Ciudadanos están mano a mano a la cabeza de la intención de votos, relegando al tercer puesto a la lista del destituido Carles Puigdemont.
Pero ello puede variar y sobre todo, que es lo más probable, puede producirse la división de las fuerzas que obligue a negociar alianzas; y por la experiencia española de las últimas elecciones, la contienda puede desembocar en otro vacío de poder ahora a nivel regional.

A todas estas, más que el pulseo político, debería pensarse y trabajarse para que la jornada transcurra tranquila, que no vuelvan a ser vulnerados los derechos de los catalanes en las urnas, que el fraude no haga de las suyas, tan de moda por estos tiempos en que detrás de conceptos democráticos se levanta la impunidad a golpe de sobornos.

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