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El respeto: fórmula para que avance la sociedad

Ante la carencia de recursos, de estrecheces materiales de todo tipo, la alternativa no puede ser la negación de lo que somos.

Por el contrario, respetar sería la fórmula ideal para hacer avanzar una sociedad con tantos adultos mayores, sabiduría acumulada, reconocimiento internacional en la salud, en la educación y en muchos otros ámbitos.

Hablo de ese respeto del joven hacia el adulto, sus profesores, su familia y la sociedad en general. Y también del respeto del adulto mayor hacia el joven, hacia sus preocupaciones, intereses y visión del mundo.

Pienso también en el respeto de las instituciones con el orden, la disciplina, la puntualidad, cuestiones que necesitamos rescatar con urgencia porque facilitan el bien común, la armonía y el sentido social.

Cuando se incumplen con los términos que están establecidos en la ley, cuando se dilatan los procesos, el irrespeto llega, y se refleja en conductas inapropiadas (una palabra exaltada, un maltrato, una postura vulgar, por no hablar del soborno, las prebendas y otras acciones delictivas), en tiempos donde la institucionalidad está llamada a jugar su papel, la satisfacción de que se cumple bien con el que está necesitado tiene que ser una máxima.

Me detengo en el ámbito de la comunicación, en el respeto que debiera existir entre las personas. Coexistir con la opinión ajena, escuchar, es un paso importante para la civilidad, y también para el ejercicio pleno de nuestra ciudadanía.

Acercarse cuando no se está de acuerdo, sin ofensas, es abrirse puertas, es estar un poquito más próximos de la solución de cualquier conflicto o problema.

Lo contrario sería la confrontación, esa que deja heridas insalvables en el ámbito de la familia, el trabajo y la escuela.

¿Cómo desterrar el mal de la vulgaridad si no es en la casa rectificando modales, enseñando a bajar la música porque molesta al vecino, a respetar a los que peinan canas?

Recientemente, al participar en el taller por los 47 años del Centros de estudios Demográficos de la Universidad de La Habana, se debatía sobre los desafíos de una población que debe ser más armónica, más respetuosa con sus ancianos, y entre todos.

Eso no depende de recursos, y a veces es lo más difícil. Es una inversión social, educativa, reeducativa en muchos casos.

El próximo 24 de febrero el pueblo cubano participará masivamente en el referendo constitucional porque sabe que una amplia gama de derechos están contenidos en ese texto, falta entonces que estemos a la altura de su cumplimiento, que nos esforcemos por ser más respetuosos con nuestras leyes, y con quienes son o deberían ser los principales beneficiarios de ellas: las personas.

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