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El “faro de la democracia y la libertad” se oscurece

El “faro de la democracia y la libertad” se oscurece

Proponer un diseño de solución para el desafío de la migración que impacta a México, y al mismo tiempo es problemática regional, resulta ambicioso y requiere mucho más que voluntad, principalmente para un presidente como López Obrador, que se estrena en el cargo en pleno apogeo de la crisis migratoria generada desde Centroamérica. El ya presidente en funciones de México se compromete con una tarea de proporciones enormes que se añade a la lista de prioridades estratégicas (no menos complejas) de su Ejecutivo.

Todo indica que, para finales de enero de 2019, se comenzará a coordinar la implementación, junto a Honduras, El Salvador y Guatemala, de un plan de desarrollo regional que genere empleos y combata la pobreza. Un esfuerzo por disminuir o evitar la reproducción de episodios como los vividos por miles de centroamericanos que se desplazaron a pie para llegar a las puertas de Estados Unidos y encontrarlas cerradas, y quedar ahora a la espera de una respuesta que pudiera demorar meses, para saber si podrán ingresar o no, a ese país.
Pero, nuevamente, se trata de un cuerpo con muchas partes y resortes. México no es responsable de este flujo, generado por personas que huyen de situaciones de violencia, pobreza y falta de oportunidades en países cuyo modelo socioeconómico es el diseñado por Washington, y cuya realidad es resultado de invasiones militares, golpes de Estado y financiamiento de grupos delictivos por parte del mismo hegemón mundial al que hoy piden ayuda… ¿Para qué? Para que invierta fondos in situ, en esta, la primera aplicación del Pacto Mundial de Migraciones, cuando la realidad es que Estados Unidos tiene, de hecho, una in – saldable deuda histórica con estos países, a los que explota a través de mecanismos financieros trasnacionales. Sin embargo, es Obrador y no la Administración Trump, quien planta cara al asunto. No porque haya intención del nuevo gobierno mexicano en desatar conflictos que pudieran tener reflejos negativos en la economía de la nación azteca, sino porque Trump coquetea con la idea, sin compromisos, cuando lo que menos sobra es tiempo. Jugada errónea, la del magnate.
Trump está apostando de lleno por una agenda reaccionaria y xenófoba, y pierde de vista que vive en un país levantado y sostenido por migrantes, que no creen que es parte de sus valores (los nacionales y los personales) militarizar la frontera, lanzar gases lacrimógenos, encarcelar niños o separar familias. Puede que Trump gane fanáticos fundamentalistas, pero el auto – titulado “faro de la democracia y la libertad”, se está quedando a oscuras. Mientras, del otro lado del muro, otros dan el ejemplo.

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