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Cuba en Barranquilla 2018

Cuba en Barranquilla 2018

Barranquilla.— La costumbre de ganar nunca puede obnubilar el presente. Y mucho menos el futuro. Antes de salir hacia los XXIII Juegos Centroamericanos y del Caribe varias veces explicamos lo difícil que sería retener el primer lugar que ostentábamos desde Panamá 1970. Los rivales estaban claros: México y Colombia, aunque como era lógico, las autoridades deportivas confiaban en el triunfo a partir de sus análisis e interpretaciones del entorno.

Los matices que implicaban un calendario de competencia con las mejores disciplinas de Cuba hacia los finales, un programa que nos dejaba fuera de 92 pruebas por no practicarlas o haber clasificado, la alta concentración de entrenadores formados en nuestras universidades en muchos países de la región, así como una mejor preparación y motivación de todas las naciones para esta lid (con respaldo gubernamental incluido) fueron comentados por este periodista, que se atrevió a dar un pronóstico entre 99 y 125 coronas.

¿Qué sucedió entonces? ¿Dónde se decidió el triunfo de los mexicanos si Cuba logró 102 cetros? ¿Por qué nos fallaron deportes claves e históricos? ¿Cuánto influyó el descenso de Venezuela y una cosecha menor que la esperada de Colombia en el éxito de México? ¿Perder la hegemonía a este nivel será directamente proporcional a más retroceso en los Juegos Panamericanos de Lima 2019?

Es cierto que en muchas disciplinas de estos Juegos aumentó la calidad de los participantes: atletismo, judo, ciclismo, tiro, por citar cuatro ejemplos. Y ese crecimiento está basado en un mayor roce internacional (muchos se pasan meses entrenando y compitiendo en Europa y Asia) y una elevación técnica de entrenadores, así como mayores presupuestos a la actividad. Pregunta acompañante: ¿Hemos crecido nosotros al mismo ritmo que los adversarios en esos aspectos?

México cumplió, al pie del detalle, una filosofía que a nosotros practicamos por más de cuatro décadas y nos falló ahora. Aseguró sus deportes fuertes con la mayor cantidad de coronas posibles (clavados, gimnasia rítmica, natación artística, tiro con arco, triatlón, taekwondo, ecuestre, squash y racquetbol) y se adueñó o arrebató otros a Cuba (remos y tiro deportivo), a Colombia (ciclismo de pista) y a Venezuela (natación). Ahí radicó la clave del desempeño mexicano, que por oncena ocasión gana estas lides, tres de ellas sin la presencia de Cuba.

Las tendencias históricas arrojaban que Colombia debía crecer como mínimo en un 20 % de cetros respecto a su última edición, aprovechando su condición de sede. Sin embargo, no sucedió así (solo aumentaron en siete doradas), en tanto Venezuela sostuvo el cuarto escaño de la tabla de medallas, pero con un descenso de 22 oros.

El beneficio de lo anterior paró en manos mexicanas, a la par que Dominicana, Guatemala, Puerto Rico, Jamaica y Trinidad y Tobago se aprovecharon también y registraron un salto de 35 monarcas más si se les compara con su última participación en tierras mexicanas en el 2014.

No obstante, el análisis hacia lo interno también ilustra lo sucedido. Aunque nuestra delegación se impuso en 12 deportes, solo sóftbol, bádminton, gimnasia artística, lucha y esgrima crecieron en doradas respecto a Veracruz. Y junto a las dos selecciones de hockey sobre césped, las parejas de voleibol de playa, el equipo varonil de balonmano y las muchachas polo acuático pueden ser catalogados, sin discusión, entre los más destacados de la comitiva.

Es cierto que en boxeo, judo y canotaje dominamos también por países, pero con 10 primeros puestos menos que hace cuatro años y al final la diferencia pesó. Si se suma que mermó además la contribución de remo, pesas, tiro, ciclismo y sobre todo del atletismo (de 23 en Veracruz a 10 ahora, incluso por debajo del propósito de 15 que habían previsto) se puede entender cuán heroico era mantener la supremacía así, por mucho que la matemática se aferrara a que era posible hasta los últimas jornadas.

Otro dato ilustrativo es la efectividad de oros en finales (sumando finales de dos, de ocho o directas) que bajó del 30 %. Las costosas y dolorosas derrotas del baloncesto (el femenino por el oro y el varonil en la semifinal); del siempre polémico béisbol; de los dos equipos de voleibol de sala (las damas irreconocibles con su historia, los hombres demasiado traicionado por los nervios); del conjunto femenino de balonmano o del polo acuático (m) se agregaron al drama estremecedor de perder cimas en el podio casi escritas de antemano.

Por supuesto, de lo que se trata ahora, al pasar del hecho factual a su interpretación, no es de buscar culpables, sino de estudiar las causas, las razones, los vacíos y hasta la sobredosis que pudieron existir en alguna preparación. El análisis corresponderá hacerlo a los decisores del deporte cubano con sus respectivas estructuras, sin obviar ni justificar nada, como tampoco sin temor a cambios de nombres que quizás estén desfasados en su puesto y entorpezcan hoy, más que ayudar, a los resultados deportivos.

En medio de ese panorama se ganaron y es digno de resaltar premios que no se contaban cuando se hicieron los cálculos y antes de la inauguración el 19 de julio. Las llamadas sorpresas. Entre estas clasifican los títulos de la clavadista Anisley García (conocida por La Tuti) en la plataforma, de nuestros equipos de gimnasia artística y rítmica, de al menos cuatro modalidades de la esgrima, de la karateca Cirelys Martínez, del pesista Luis Manuel Lauret y de la taekwondoca Tamara Robles, que por mucho que compensaron las medallas previstas no alcanzaron para triunfar.

Por supuesto, la visión hacia lo que enfrentaremos en menos de 12 meses en la capital peruana ha comenzado a forjarse. Se impone una vía muy real en ese tránsito de recuperar el segundo lugar perdido en Toronto 2015. Hay que cambiar muchas cosas a lo interno y externo de la entidad rectora, pues el deporte de alto rendimiento lleva hoy en el mundo mucho entrenamiento y depurada ciencia, pero a la par más recursos económicos para fogueo, recuperantes y materiales gastables (balas, pelotas, etc.), los cuales no siempre tenemos dada nuestra condición de país subdesarrollado y bloqueado.

Asimismo, no debe detenerse, por lo interrelacionado que se conecta con lo anterior, una revisión a fondo de cuánto podemos hacer todavía para fortalecer la base, recuperar instalaciones en poblados y municipios, tener más implementos en las escuelas y combinados, formar técnicos y atletas más integrales y comprometidos, por solo mencionar algunos aspectos que tributaron, como vimos en Barranquilla, a los colores de un segundo lugar que nos duele, pero es el que nos corresponde por lo hecho.

Nadie duda ni dudará del esfuerzo y sacrificio de quienes sudan y salen a buscar las medallas con todo un pueblo empujándolo. Pero una vez más volvamos a Fidel en el año 2008. Su reflexión era visionaria: “El hecho de que participen más naciones y las competencias sean más duras es en parte una victoria del ejemplo de Cuba. Pero nos hemos dormido sobre los laureles. Seamos honestos y reconozcámoslo todos. No importa lo que digan nuestros enemigos”,según informó  Cubadebate

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