Así será la Cena de Blanco en La Habana

La noticia ha corrido como pólvora y los medios no cesan de hablar de un inédito Le Dîner en Blanc (la Cena de Blanco) en Cuba, el conocido picnic multitudinario iniciado hace 30 años en París, Francia, al que los comensales acuden vestidos de blanco.
El evento ha tenido lugar en más de 80 ciudades alrededor del mundo, como Tokio, Madrid, Montreal, Nueva York y la propia ciudad de París, que el 3 de junio pasado acogió la celebración por el trigésimo aniversario de tan inusual convite con 17 mil invitados procedentes de todo el mundo. Aymeric Pasquier, hijo del fundador, llevó la franquicia a Canadá en el año 2009, mientras que el debut en Nueva York tuvo lugar en 2011.
Otras sedes interesantes estos años han sido Singapur (2012) -la primera ciudad asiática en acoger el afamado picnic- así como las urbes australianas de Brisbane y Camberra en 2013, y Melbourne en 2015.
Le Dîner en Blanc es una franquicia francesa con oficinas en Canadá que, tras meses de negociaciones y por iniciativa de varios de sus organizadores, aceptaron la idea de celebrar una cena blanca en La Habana el próximo 24 de noviembre, cinco días después de que la capital cubana haya celebrado su aniversario 499. Como concepto comenzó en 1988 en París cuando su creador, François Pasquier, invitó a un grupo de amigos que hacía muchos años no veía a un picnic en el restaurante Bois de Boulogne. A esa primera edición apenas asistieron unas 20 personas, a quienes Pasquier pidió que llevasen sus marcas favoritas de vinos y de champaña, y lo que quisieran comer para “picar”, pero con una condición: que todos fueran vestidos de blanco para que fuese más fácil reconocerse mutuamente en el restaurante.
Un año después se repitió la experiencia con los allegados de Pasquier de la primera vez, quienes a su vez invitaron a otros amigos, y la cifra de asistentes al convite se triplicó. Con un crecimiento anual casi exponencial de participantes a las “cenas blancas”, el grupo de amigos decidió llevar el encuentro a otro plano: convertirlo en un evento social a nivel mundial. “Lo curioso de Le Dîner en Blanc es que todo el mundo pueda compartir. Las personas que se registran para asistir no pueden ir solas, deben ir acompañadas de otra pareja, sin diferencia de sexos”, explicó a CND Richy Miranda Cortese, estratega de mercadotecnia de t2Marketing International, una de las entidades encargadas de la organización del evento. Miranda Cortese indicó que “a diferencia de otros eventos sociales que llevan una campaña masiva de mercadeo por parte de los medios de comunicación convencionales, como la radio, la televisión o la prensa, y aunque el evento es cubierto por la prensa internacional, el trabajo de acreditación y convocatoria es más personalizado porque las personas reciben una invitación personal en su correo electrónico y tienen, a partir del momento en que la reciben, cierto tiempo para registrarse”.
Quienes reciben la invitación electrónica y abonan la cuota nominal en la plataforma del sitio oficial de Le Dîner en Blanc dentro del periodo establecido, se convierten automáticamente en miembros del evento y tienen garantizada la asistencia a todas las ediciones que se celebren ese año en otras ciudades del mundo. “Lo realmente significativo es que una vez que se celebre en La Habana, la capital cubana seguirá siendo ciudad sede del evento, con la única variación en el sitio que se escoja”, dijo Alain Diego Marrero, CEO de Summitour Travel Agency Inc., la agencia que, junto con el receptivo cubano Paradiso, atiende el movimiento de los invitados hacia La Habana. Marrero aclaró que no ser miembro de Le Dîner en Blanc no impide a alguien asistir al gigantesco picnic. “Si alguien se entera o tiene conocimiento de que va a ocurrir un Le Dîner en Blanc en alguna ciudad, en caso que nadie lo haya invitado o que no sea miembro del evento, se puede inscribir y pasar a una lista de espera. Todo va a depender de la capacidad de la sede del evento en cada ciudad,” argumentó. Este es uno de los eventos que cuenta con las cifras de alta asistencia más impresionantes de los cinco continentes. Los organizadores marcaron, desde un inicio, el concepto de que las personas invitadas compartan sin diferencias en esta cita en la que no existen zonas para invitados importantes. La multitud arriba en buses, pues como el destino es desconocido, los organizadores trasladan a los participantes simultáneamente.
Uno de los encantos que tiene Le Dîner en Blanc es que los participantes se bajan de los buses y en ese momento se enteran dónde es que van a cenar. Siempre hay dos puntos de recogida, que nosotros denominamos de “acopio”, que es donde los comensales se reúnen para tomar los buses. Ni siquiera el chofer del bus sabe el lugar del evento. Se le va haciendo saber según se mueve por la ruta, y se le indica por dónde debe tomar, explicaron los organizadores. Luego se bajan en un punto acordado donde recogen sus mesas, sillas y la mantelería, y comienzan a colocarla en una ubicación según la nomenclatura alfanumérica establecida para cada evento. La unión de las mesas puede agrupar hasta cien comensales que compartirán la noche, la comida, el vino y las pláticas. Cielito Rosado, chef dedicada a la cocina artesanal y a cargo del menú ligero de picnic en Le Dîner en Blanc, aseguró que lo que se pone en la mesa generalmente es comida fría, propia para “picar”, y que, para el caso de La Habana, estará compuesto por elementos autóctonos de la cocina cubana.

Independientemente de ello, los asistentes pueden llevar su propio menú, sus propias botellas de vino o de champaña, y nada de bebidas alcohólicas, como rones o cervezas. Los organizadores dijeron también que, como cualquier gran evento de esta era digital, el mismo quedará no solo en la memoria de los asistentes y en las imágenes y crónicas de la prensa que lo cubra, sino también en la perpetuidad del panorama digital. “A los asistentes los instamos a que se hagan selfies y transmitan en vivo por las redes sociales todo lo que acontece en Le Dîner en Blanc,” afirma Richy Miranda, quien asegura que ya tienen la certeza de la Empresa Cubana de Telecomunicaciones, mediante un acuerdo, de ampliar la capacidad existente de ancho de banda en el “lugar misterioso” donde se celebrará la cena. No cabe dudas que en materia de socialización y nuevas amistades que se puedan crear, Le Dîner en Blanc es un modelo poderoso surgido de una idea noble y aglutinadora. Que se pueda celebrar en los cinco continentes, lo hace más grande aún. Y que ocurra en La Habana por primera vez, en la vetusta ciudad caribeña que sigue de moda pese a sus ya casi 500 años, es tan grandioso como seguramente lo será la noche del 24 de noviembre de este año. Un toast pour Le Dîner en Blanc!. (Un brindis por la Cena de Blanco!)

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