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Hablamos de calles, de su cuidado y mantenimiento

Hablamos de calles, de su cuidado y mantenimiento

El asunto de hoy tiene larga data. Y es que muchas calles, avenidas y carreteras interiores adolecen de un asfaltado de calidad. Y usted pudiera decirme, que lo “de calidad” sobra, porque es tanta la ausencia del asfalto que lo primero motivaría la risa.

Pero quisiera detenerme en los tramos privilegiados o “elegidos” que dan cuenta de que se hizo el esfuerzo por aplanar un bache: derretir la mezcla pesada compuesta por áridos y líquido asfáltico, a 160 grados centígrados, con un costo altísimo para el Estado, por los materiales que se emplean y la fuerza de trabajo especializada.  Y luego ver sus resultados al cabo de dos o tres meses.  Ahí está el problema.

En los desniveles visibles, en el bache subyacente que vuelve a brotar, en el agua que corre y da al traste con la obra realizada, en el contenedor de basura que se desborda sobre todo ello y más. Entonces sorprende ver cómo NO se chequeó con todo rigor la tirada de asfalto, cómo el técnico presente NO contempló cada una de las fases de este proceso.

Ahí comienza un ciclo de desgaste sobre lo que allí ocurre, por las quejas de vecinos afectados que deriva en un problema higiénico-ambiental, porque ya no es asunto de la Construcción, ni de Recursos Hidráulicos, ni de Comunales, sino del gobierno que está para todo tipo de inquietudes y tiene sus prioridades.

Urge brindar una atención priorizada al estado de las vías; así como atender la calidad y reparación periódica de las avenidas de interés nacional y de otras calles de máxima importancia para la circulación de personas y vehículos.
El crecimiento del turismo demanda a todas luces mejores carreteras y tramos citadinos. No basta con remiendos ligeros.

Es necesario estudiar el terreno en toda su complejidad, con cada uno de los sectores que actúan sobre la infraestructura vial.

Antes y después. Y que tenga ese derretido la calidad y la ejecución necesaria para hacerlo duradero. Sabemos de que se cuenta con un equipamiento obsoleto, con plantas de asfalto de los años 50 del pasado siglo, y con una materia prima que a veces no tiene la calidad esperada.

Pero muchas veces se tiene la tecnología para ello y el conocimiento. Solo falta que no quede en los planes el chequeo a pie de obra, cuando la posibilidad del desvío de materiales y de otros recursos pueda volver a visibilizar el hueco que ya se había descartado.

Todos los territorios del país han recibido hasta el cierre de septiembre de 2018 un presupuesto inversionista para sus carreteras, según datos del Ministerio de la Construcción. De los más de 455 millones de pesos que se destina al plan de ingeniería nacional, más del 64 por ciento es destinado a obras viales.

También pudiéramos decir que el mantenimiento de la autopista nacional muestra avances, pero aún faltan por recuperar tramos muy deteriorados.

Para la reparación de esa vía se requieren 600 mil toneladas de mezcla asfaltática. Este año se destinaron 108 mil toneladas.

Lo que demuestra que sigue siendo costoso para el país el tema. Hablamos de calles, de su cuidado y mantenimiento, pero muchos televidentes, la mayoría personas de la tercera edad nos escriben quejándose de los huecos en las aceras y que hoy son causa de traumas y accidentes prevenibles para una población cada día más envejecida.

Pero bien pudiera ser el estado de las aceras motivo de un próximo comentario.

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