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Brasil, de cara a la segunda vuelta electoral

Brasil, de cara a la segunda vuelta electoral

Quienes respaldan a Fernando Haddad en Brasil aseguran que es el candidato presidencial más preparado. El único capaz de promover la unión de fuerzas que el país necesita. Que (más que un partido y un batón de relevo) él tiene un proyecto. Pero, se precisa entender. Sobre todo ahora que faltan días para la segunda vuelta electoral, ¿qué sucede en Brasil que, Jair Bolsonaro, un personaje minúsculo y torcido durante 28 años en el Senado, un proto – fascista, fan de la dictadura, que la nombra con sentimiento, como si se tratase de un grupo musical de la infancia, está tan seguro que llegará al Palacio de Planalto que (esta semana) visitó el Batallón de Operaciones Policiales en Río de Janeiro, para vaticinarles que pronto (él) un capitán del Ejército, mandará en todo el país?.

Claro, para comprender el fenómeno, hay que verlo en varias dimensiones.  Primero, Brasil por dentro. Recordemos que cuando la recesión continúa y el sistema se queda sin recetas; se profundizan los problemas estructurales, los números se traducen en miseria acentuada para las mayorías, y sale a flote un arsenal de incertidumbres y violencia. La tormenta perfecta para la ultraderecha, que propone soluciones mágicas con mano dura, que prenden lo mismo en un habitante de las favelas, que en un evangélico de clase media.
No, el fenómeno Bolsonaro no se formó solo. Requirió aguas calientes como los huracanes. A juzgar por los resultados de la primera vuelta, las tuvo. Determinó la falta de ideología política que prostituye simpatías en el electorado brasileño; la estrategia de Washington (que siempre tiene los ojos sobre ese país); el costo de los errores de las fuerzas progresistas cuando detentaron el poder en alianza con la burguesía, la capacidad de ese progresismo para crear un frente amplio popular.
Pero también , está la decisión de las élites dominantes de desechar la democracia liberal cuando así les conviene; la reacción anti – establishment en sectores que se sienten incluidos en el discurso de la derecha extrema; el relato anti – PT de los grandes medios. Algo que Bolsonaro capitaliza y además, engrosa con un bombardeo de noticias falsas, dando la impresión de que se mueve al margen del poder mediático.
Y, por supuesto, aparece la otra dimensión para entenderlo. Lo que dejó de ser un mal chiste para convertirse en “peligro”, es parte de un proceso global (con una base anti – neoliberal) que asume formas concretas de acuerdo a las particularidades de los países. Y, al mismo tiempo, evidencia expresiones comunes. Por ejemplo, el origen del dinero (oligarcas multimillonarios), la hostilidad hacia la democracia, hacia lo diverso, y hacia la izquierda anti – capitalista.
Quienes votan por ese paquete explosivo, lleno de marcas falsas, discriminaciones y violencias, están dando una respuesta, (peligrosa, muy peligrosa) pero respuesta, a la crisis estructural del capitalismo.
El momento es delicado, requiere una revisión de fondo del progresismo, para unirse, levantarse y no sólo decir basta. También hacerlo posible. El miedo y el odio, no pueden triunfar en las personas. La historia dice “nunca más”.

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