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Bolsonaro se ha convertido en una amenaza para el planeta

Bolsonaro se ha convertido en una amenaza para el planeta

Este lunes se cumplió una semana de trabajo del Consejo de Transición Gubernamental formado por el presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, que ganó las elecciones del 28 de octubre y asumirá como mandatario el próximo 1 de enero de 2019.

Jair Mesías Bolsonaro, es un capitán retirado del ejército brasileño de 63 años y partidario de la dictadura militar. Por sus dichos y acciones ha sido calificado como racista, misógino, homofóbico. Ha dicho que se puede evitar tener hijos homosexuales si se les corrige a golpes, que los negros no sirven ni para procrear, que los analfabetos no deben votar y que los indígenas no tienen derecho a ocupar reservas.

Llegó a decirle a su colega parlamentaria, María do Rosario, No te violaría porque no te lo mereces. Varios medios internacionales, como “The Economist” y Bloomberg, lo califican como el Donald Trump brasileño, debido a su discurso extremista y su afición a las armas.

Todas estas inclinaciones de Bolsonaro son peligrosas, pero a mi juicio la peor es que la principal misión del actual presidente electo es transformar las tierras protegidas de la selva, en mercancía. La selva amazónica es el bosque tropical más extenso del mundo. Se considera que ocupa seis millones de km² repartidos entre ocho países, de los cuales Brasil posee la mayor área.

El título del Pulmón del Planeta que ostenta la Amazonía no es casualidad, según los científicos, mantiene un equilibrio climático entre los ingresos y salidas de dióxido de carbono  y oxígeno. Y ahora Bolsonaro, con ese patrimonio natural en sus manos, ha activado las alarmas ambientales tras arremeter contra organismos de conservación ambiental y anunciar una posible salida de Brasil del Acuerdo de París.

Durante su campaña declaró que “Todas estas reservas obstaculizan el desarrollo”. Según el Observatorio del Clima, los datos del Deter B, un sistema del Instituto Nacional de Estudios Espaciales que controla la Amazonia en tiempo casi real, muestran que la tasa de deforestación ha subido un 36% entre junio y septiembre, período de la precampaña y campaña electoral.

El problema —que es enorme— es que todos lo pagaremos muy caro por la operación en la Amazonía que Bolsonaro y sus articuladores ya anuncian de varias maneras. Mito, como le llaman sus seguidores, quiere transformar lo que es tierra pública protegida, en tierra privada comercializable.

Los pueblos originarios, según la Constitución vigente de 1988 tienen solo el usufructo exclusivo de sus tierras ancestrales. Pueden vivir en ellas y de ellas, sin destruirlas, pero no pueden negociarlas. Para abrir la Amazonía a la explotación de la agroindustria y la extracción, además de la construcción de carreteras, vías férreas, puentes e hidroeléctricas, Bolsonaro tendrá que cambiar la Constitución de forma radical.

La Amazonía puede parecer un lugar lejano para nosotros. Pero nada afectará más al futuro próximo de todos que el destino de la selva.

En Brasil, el sector agropecuario y la deforestación, son las principales fuentes de gases de efecto invernadero, responsables del calentamiento global. En octubre, los autores del informe del Panel Intergubernamental de las Naciones Unidas sobre cambio climático alertaron que la humanidad tiene solo 12 años para limitar el calentamiento global de la Tierra en 1,5 grados centígrados.

Medio grado más multiplicaría el riesgo de sequía, inundaciones y calor extremo para centenares de millones de personas. Sin la selva tropical más grande del mundo en pie, no será posible alcanzar esta meta. Por eso afirmaba al inicio de mi comentario, lo peor de Bolsonaro es que se ha convertido también en una amenaza para el planeta.

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