Bobby Salamanca, destacado comentarista deportivo cubano

No podemos dejar de recordar a uno de los más grandes cronistas deportivos de nuestro país, el inigualable Bobby Salamanca, quien falleciera un día como hoy, pero del año 1987.

No es un aniversario redondo, pues Bobby Salamanca falleció el 5 de abril de 1987. No obstante, hoy les pido una licencia para recordar al ingenioso hombre que por su calidad profesional y ocurrencias dejó su impronta en Granma a principios de los años 70 del siglo pasado.

Su aire intranquilo, por momentos dibujado con ademanes que apoyaban su hablar, le imprimían un hálito de gente simpática, cautivadora. No ocupaba un asiento fijo en la redacción deportiva de nuestro diario, deambulaba por el cubículo y solo se sentaba para escribir uno de sus excelentes comentarios de béisbol, o para jugar un «rapid transit» de ajedrez con el veterano especialista de boxeo Manolo Cabalé, a quien le buscaba la lengua tras cada una de sus victorias.

Rebosaba inquietud y solía ir de un piso a otro del centro cruzando jocosidades con los demás, en ocasiones eran bromas tan bien representadas que parecían reales, como la que le gastó a un periodista recién llegado a la redacción de noticias nacionales, secundado en la actuación por el prestigioso veterano Vicente Cubillas.

–Bobby, ¡te he dicho que cuando yo no esté en la casa no vayas a visitar a mi señora!, amenazó Cubillas supuestamente furioso, mientras ambos acercaban la discusión a la mesa de trabajo del redactor recién llegado.

Bobby Salamanca en el recuerdo.
Bobby Salamanca, destacado comentarista deportivo cubano./Foto:UPEC

Hubo asombro cuando Cubillas desenfundó una vieja pistola (de balas de salva) y Salamanca se le lanzó a la mano. En el forcejeo, el arma cortaba el aire siempre apuntando hacia el redactor de estreno, quien, en su urgencia por escapar, se escondió detrás de un buró. Segundos después, convencido el «amenazado» de que era una broma para principiantes, la risa unánime contagió el ambiente.

En una ocasión Bobby llegó al departamento de deportes entallado en un traje con corbata. ¿Vas a algún lugar importante?, le preguntamos. Y, con su filoso verbo, respondió: ¡Mira, no tengo ni un kilo en el bolsillo, y si la gente me ve en traje creerá que estoy en alza!

Su ingenio, profesionalidad, carisma y conocimientos hicieron de él un autodidacta que escaló a lo más alto de la narración cubana desde su querida Radio Rebelde. Incursionó en programas de televisión donde, explotando su parecido físico con Charles Aznavour, hizo imitaciones del cantante francés; también ante la pequeña pantalla resolvía el cubo de Rubik en un santiamén, y publicó un sentido reportaje desplegado en dos páginas de este diario sobre la estancia en un hospital de día. Fue versátil y atrevido.

La inmensa mayoría del pueblo lo recuerda por su novedad de describir lo que ocurría en el terreno de béisbol empleando frases del argot cañero: «¡Azúcar, abanicando, tres golpes de mocha y lo tiró para la tonga!», así decía cuando un bateador se ponchaba. Por su naturalidad y clase, Bobby Salamanca ascendió al altar de los mejores de su profesión en Cuba.

Una noche, tras cerrar la página de deportes, preguntó si queríamos animarnos un poco. Arrancamos en su vetusto Chevrolet ’58 por la calle Paseo hacia abajo, hasta cerca del Malecón. «Vamos a una boda de la que conozco la dirección, pero no a los novios», aseguró. Aquello tenía olor a fracaso seguro. ¿Qué pensarían esas personas de nosotros, unos «colados» en su fiesta?

Grande fue la sorpresa cuando nos detuvimos a la entrada de un largo pasillo y de allá, de lo profundo, salió un hombre mayor apresurado, con los brazos abiertos: ¡Bobby, vamos a tomarnos unas cervezas! Era el padre de la novia. Nunca supimos si era o no su amigo.

No faltaron las cervezas ni tampoco quienes se acercaron a José Antonio Salamanca, Bobby, para conocer al hombre que tantas alegrías del deporte cubano había llevado a sus hogares.

Por Alfonso G. Nacianceno García/Granma/UPEC, Cubaperiodistas

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