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Anatomía de un buquenque

Anatomía de un buquenque

Por: María Lucía Expósito

Fotos: Enzo Valdés

Se les ve, tal fuesen águilas o buitres, según sus modus operandi, asechando la presa desde lejos. Como gremio ambulante al fin, tienen su propio estatuto: la ley del asfalto no perdona.  A modo de jornada laboral, se distribuyen los horarios de cacería y los espacios, que la mayoría de las veces son piqueras de taxis nacionales cercanas a alguna que otra terminal.

Los primeros (las águilas) optan por la vieja maniobra de hostigamiento. Se infiltran en las multitudes (quizás les guste disparar al estilo proletario). Caminan entre el tumulto de desesperados que aún no ha podido conseguir un pasaje porque son más de las tres de la tarde de un viernes, o porque es etapa de vacaciones, un fin de año o simplemente los ómnibus no son suficientes para llevar en sus contados asientos a todos los que necesitan viajar. Huelen tu miedo, perciben tus ganas de no quedarte acampando en los bancos rompespaldas de la terminal si no tienes donde pernoctar.

El buquenque en su búsqueda se infiltra en las multitudes. Foto: Enzo Valdés.

El buquenque en su búsqueda se infiltra en las multitudes. Foto: Enzo Valdés.

La otra facción (los buitres) es la de los más escépticos. Prefieren esperar afuera y verte tirar la toalla, apretando con los dedos los papelitos con cifras ilegibles que te asignan en la lista de espera. Entonces, te muerden apenas rozas su zona franca.

Ambos perfiles comparten aspectos similares: riñoneras a la cadera o al pecho, atuendos llamativos, casquillos dorados en los dientes, gafas anchas, las manos detrás del cuerpo, goma de mascar en zigzag entre los labios y el trap a altos decibeles en sus teléfonos de última generación.

Espetan a viva voz en ciertos casos, y en otros, quizás más difíciles, emplean el lenguaje de las mímicas. De lejos puedes llegar a oír un coro cuyo estribillo es el nombre de provincias. Aunque las edades y las artimañas de estos individuos varíen, su deber ser no será otro: intentar hacerte creer que cuanto hacen es una proeza.

La existencia de estos especímenes llamados “buquenques” o gestores de pasaje, como cariñosamente les apodan en los carteles de prohibición de las terminales, proviene de una comodidad que, simultáneamente, surgió entre choferes, como una ventaja para llenar más rápido sus carcasas a cambio de un “salve” a lo cubano a quien le traiga los pasajeros.

De aquellos primeros seres aún no sindicalizados deviene hoy una tribu muy diferente, más organizada, por así decirlo. Su evolución está dada porque, en el presente, sus servicios se incluyen en el precio del pasaje, que es caro por defecto, unido a las tantas excusas recitadas por los conductores: que si el combustible, la familia, la “lucha”… (Pueden llegar a ser más creativos)

El buquenque está dotado de una gran capacidad de camuflaje, orientación y resistencia. Foto: Enzo Valdés.

El buquenque está dotado de una gran capacidad de camuflaje, orientación y resistencia. Foto: Enzo Valdés.

Lo cierto es que estos seres están lejos de la extinción. Van dotados de una gran capacidad de camuflaje, orientación y resistencia. Sus mañas, ya más desarrolladas, les han permito aludir los operativos, los escasos inspectores y las malas rachas.

Si por ir hasta Santa Clara, no hace mucho, te cobraban 10 o 12 CUC, ahora, en días ordinarios, la suma no baja de 15 CUC. Habría que pasearse por estos lares un fin de año para encontrar, con suerte, uno que cueste menos de 20 o 25 CUC. No menos distinto ocurre con el resto de los destinos nacionales: Pinar del Río, Cienfuegos y Matanzas…

Decido salir de mi observatorio improvisado. Apenas me acerco. Los siento murmurar, dudar, pero su instinto de captura automática se dispara sin que lo noten. Se abalanza uno, debe ser el líder o el que está de turno.

-¿Taxi señorita? (Trata de ser educado)

-¿Cuánto es hasta Santa Clara?

-15 cañas, mi china,  contigo ya llenamos el viaje. ¿Te llevo el bolso?

2 Comentarios

  1. Leo

    Disculpe, señorita, pero acecho, el acecho del que está usted hablando, va con c. No hay que confiarse del Word, pues asecho es otra cosa. Búsquelo y vea. Solo más cuidado la próxima vez. Todo lo demás ok.
    Atte: Un “gestor de pasaje” de la terminal

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  2. Jesadec

    Por tener el mismo origen etimológico, acechar y asechar han tenido y tienen empleos comunes. Hoy predomina en acechar el significado de observar, espiar, vigilar cautelosamente; en asechar se une a esta vigilancia la idea de trampa o engaño para causar daño. Se puede acechar por simple curiosidad o fisgonería; asechar es inseparable de un propósito maligno. Avizorar coincide con acechar, pero en general sugiere más viveza y prontitud por parte del sujeto.

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