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AMLO: un abanderado de la lucha contra la inseguridad, la corrupción y el narcotráfico

AMLO: un abanderado de la lucha contra la inseguridad, la corrupción y el narcotráfico

Andrés Manuel López Obrador vive sus primeras horas como presidente de México en plenitud de funciones, después de haber obtenido un triunfo electoral por amplísimo margen y de postularse tres veces, además de la larga espera que significa la transición de poder en ese país.

Desde la campaña, ya se proponía como un cambio sistémico, al que le hacían resistencia los poderes económicos. Ahora ya es un hecho que lidera los destinos del vecino latinoamericano más próximo a Estados Unidos, su primer desafío. Porque de esta relación de cercanía y dependencia se desprenden las mayores problemáticas de la nación: inseguridad, corrupción y narcotráfico. Un elemento a tener en cuenta a su favor, es que ha habido un reconocimiento mutuo entre el nuevo mandatario y su par del norte, tan impredecible y prepotente, pero que no ha mostrado hasta el momento sus garras con la opción progresista elegida por los mexicanos.

Defensor de la nación y los valores del Estado

Progresista para unos, de izquierda para sus mayores enemigos, defensor de la nación y los valores del Estado para los más objetivos, y recientemente, después de una serie de medidas iniciales basadas en un concepto de austeridad republicana, ya comienzan a catalogarlo de populista. Se deshizo de su lujoso avión presidencial, dejó desocupada la residencia oficial de Los Pinos, destinada a los Jefes de Gobierno, y la abrió al público como destino turístico, llegó al Congreso para su investidura en un auto sencillo, sin dispositivo de seguridad y con total acceso popular sobre su persona. No usará los servicios de protección del Estado Mayor Presidencial. A esto seguirá lo ya anunciado, reducción de sueldos a sus funcionarios y ministros y todo lo que signifique ahorrarle gastos innecesarios a las arcas públicas para darles mejor destino a los fondos. Hoy por ejemplo comenzó a trabajar a las 6 de la mañana y nada más y nada menos que con un encuentro con su gabinete, y 4 horas después ya se conocía un resultado concreto: la creación de una Comisión de la Verdad para aclarar el caso de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa. AMLO ya bautizó su proyecto, lo llamó «la cuarta transformación», pues pretende hacer de sus seis años de gestión un período digno de suceder en la historia a tres momentos claves para México: la independencia, la reforma y la revolución. Para él se trata de refundar el país, y trabajar en deudas históricas para la gente: la reducción de la pobreza, educación gratuita y de calidad, y el asunto energético a partir de una revisión de la reforma que en este sector impulsara su antecesor.

Los cambios también atañen a la política exterior

Los cambios no solo se prevén a lo interno sino también en política exterior. El México que lideró la ofensiva contra Venezuela, ahora invita a Nicolás Maduro a la toma de posesión, imponiéndose a la negativa de los partidos en oposición, los cuales no perdieron oportunidad de expresar su rechazo público en medio de la sede legislativa a pesar de que Maduro no estaba en el recinto.
Y no se trata solo de amigarse con Caracas. Es sobre todo un líder que desentona con el timonazo derechista, en casos como el brasileño, ultraderechista, que ha dado la región, pero como interlocutor pesado, porque con México hay que contar cuando de correlación de fuerzas en el sur americano se trata.
No obstante, ya tuvo su primera marcha en contra, 24 horas después de su asunción. Es cierto que tiene más de un 50% de aprobación ciudadana pero la sociedad está polarizada y lo que viene haciendo no gusta a los acostumbrados a vivir de lo que ahora desaparece. Y si recordamos que no basta con sacar a los pobres de pobres para sobrevivir al escrutinio público, el sexenio se pinta difícil para un hombre que por lo menos ha mostrado una grandiosa voluntad de trabajo.

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