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América del Sur se reconfigura

Una secuencia de eventos aparentemente inconexos, muestran hoy signos de una estrategia en política exterior mucho más compleja, desde Washington. El trabajo iniciado por el Ejecutivo estadounidense anterior, ha rendido frutos, pero (sin dudas) la corriente fascistoide impulsada tras la elección de Donald Trump, ha tenido un remake sistémico en varios países de América Latina. Lo más peligroso de este tema es que, al parecer, los dinosaurios de la guerra fría vuelven a hacer uso de sus dientes.
Es Brasil, no por casualidad,  el nuevo escenario donde se está jugando a intervenir en los destinos de Cuba, Venezuela y Nicaragua. ¿La herramienta?… Una Cumbre Conservadora de las Américas, en Foz de Iguazú en la triple frontera entre Brasil, Argentina y Paraguay. Un evento previsto para hoy, bajo el amparo de los Bolsonaro (padre e hijo), que espera convertirse en el encuentro de un nuevo club de la ultraderecha regional, pensado (nada más y nada menos) como contrapunto del Foro de Sao Pablo.
Entre los invitados, se encuentran personajes como Orlando Gutiérrez, representante de la mafia cubano-estadounidense; Álvaro Uribe; Jorge Jeréz, comandante de operaciones contra la ex – guerrilla de la FARC, y el opositor venezolano, Miguel Ángel Martín. Para dar “linaje” al evento, Luis Filip de Orleans, que se dice heredero del trono de la familia imperial que gobernó Brasil. Cierra el círculo Olavo de Carvalho, gurú intelectual de Jair y astrólogo anticomunista.
Parece comedia, pero no, es en serio. El organizador del evento es Eduardo Bolsonaro (hijo y asesor de Jair) además de admirador de Trump. Ahora mismo, Eduardo cree “ser íntimo” de la élite que rige el Capitolio estadounidense. Y está seguro que es el momento para hacer gala de esas sintonías con otros como él, en América del Sur. Sus encuentros a fines de noviembre en Estados Unidos con Jared Kushner y representantes de los Departamentos de Estado, el Tesoro y de Seguridad Nacional, le han granjeado una conciencia de “aliado” en la lucha contra (lo que define) como el enemigo común. Lo que el asesor John Bolton prefiere llamar la troika de la tiranía.
Y fue Bolton, de nuevo, el halcón de la guerra fría, quien dialogó personalmente con Bolsonaro padre, el pasado 29 de noviembre.  Y Bolsonaro le llenó de música los oídos. Limitación a la presencia china en la economía brasileña; decisión de trasladar la embajada de Tel Aviv a Jerusalén; propuestas de sanciones contra Venezuela. Y ¡claro!. Del piso de arriba, o sea, Washington, recibió una palmadita por la campaña que derivó en la salida de la labor médica cubana de Brasil.
Atención entonces, porque así lo indican los hechos: América del Sur se reconfigura con actores que pretenden internacionalizar una política de garrotes y cero soberanías. La historia registra los efectos. Gobiernos autoritarios, fraudulentos, plegados al Norte. Remembranzas de la Operación Cóndor. O, tal vez, una segunda parte al estilo de películas como Terminator: pasados de moda, pero aferrados a hacer daño.

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