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Acuerdo Tripartito: Garantía de la paz y seguridad en el Sur de África

Acuerdo Tripartito: Garantía de la paz y seguridad en el Sur de África

Hace 29 años en la sede de la Organización de Naciones Unidas, Isidoro Malmierca suscribió en nombre de Cuba, los acuerdos que garantizaban la independencia de Namibia, la seguridad de Angola y la paz entre los países del suroeste africano. Con la firma de los llamados Acuerdos Tripartitos también regresaron victoriosas nuestras tropas internacionalistas.

Vuelta de tuerca a la Historia

Por: Claudia Fonseca Sosa

Negociaciones que cambiaron el rumbo de la historia

 

La delegación cubana en la histórica firma estuvo presidida por el miembro del Comité Central del Partido Jorge Risquet Valdés, el General de Cuerpo de Ejército Abelardo Colomé Ibarra y el ministro de Relaciones Exteriores Isidoro Malmierca, en directa comunicación con la máxima dirección política y militar del Gobierno Revolucionario Cubano.  

El propio Risquet, en conversaciones con Cubahora, recuerda que la presencia cubana en la ceremonia de Nueva York, como signataria de los Acuerdos y miembro de derecho pleno, junto a los hermanos angolanos, en las negociaciones que transcurrieron durante todo el año 1988, mostraba el reflejo de los éxitos militares que los combatientes cubanos y africanos habían logrado en el campo de batalla.

Demostraba, además, la posición firme de nuestro país —que compartía el gobierno angolano—, rechazando la pretensión norteamericana de que fuéramos excluidos de unas discusiones en las que también se debatía la presencia de las tropas internacionalistas cubanas en el lejano continente.

“Desde principios de la década del 80, representantes de Angola y Estados Unidos habían sostenido no pocos encuentros bilaterales acerca de la situación en el suroeste africano. En todos ellos, los personeros de Ronald Reagan planteaban la exigencia de la retirada, en plazos conminatorios, de las tropas cubanas que habían acudido al llamado de Agostinho Neto desde 1975, al amparo del Artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, cuando la joven nación, en el momento mismo de conquistar su liberación del yugo colonial, fue invadida por poderosas fuerzas extranjeras desde el norte y desde el sur”, señala Risquet.  

De acuerdo con el jefe de la delegación de Cuba en las negociaciones, la Casa Blanca mantenía una estrecha colaboración con el régimen del apartheid y le proporcionaba suministros bélicos a los fantoches de la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA). Al mismo tiempo, en consuno con Pretoria, presionaba a Luanda para que solicitara la retirada del contingente militar cubano, ofreciéndole a cambio inversiones de las transnacionales estadounidenses en suelo angolano, una imprecisa solución al tema de Namibia mediante la modificación de la Resolución 435 adoptada por la ONU, mediar para la reconciliación con la UNITA y con Zaire.  

En julio y septiembre de 1987, se efectuaron en la capital angolana dos rondas de negociaciones EE.UU.-Angola. El asistente del Secretario de Estado norteamericano para los Asuntos Africanos, Chester Crocker, pretendía jugar el papel de intermediario entre Angola y Sudáfrica. Sin embargo, las exigencias del gobierno racista —transmitidas por Crocker— resultaron inaceptables.

Simultáneamente, en el terreno militar las Fuerzas Armadas para la Liberación de Angola (FAPLA) habían iniciado una ofensiva, con asesoría soviética, en dirección al extremo sureste del país, Cuito Cuanavale-Mavinga-Jamba, sede este último punto del cuartel general de la UNITA.  

“Tal como ya había sucedido dos años antes, al acercarse las tropas de las FAPLA a su objetivo, los sudafricanos intervinieron para impedirlo —recuerda Risquet—. Mas esta vez, no se limitaron a interferir el avance angolano, sino que iniciaron la persecución de las unidades de las FAPLA en retirada, con poderosas fuerzas de blindados y artillería de largo alcance”.  

Las FAPLA se replegaban hacia Cuito Cuanavale, donde podrían ser cercadas y aniquiladas por el ejército racista.

“A pedido de Luanda, la Dirección de la Revolución decidió, el 15 de noviembre, enviar a Angola las fuerzas y medios adicionales necesarios para resolver, de una vez y por todas, la situación en el sur de aquel país (…) Cuito Cuanavale devino baluarte inconquistable y un símbolo de la resistencia y la victoria frente a las huestes del apartheid (…) En enero de 1988, la correlación de fuerzas en el teatro bélico meridional experimentó un cambio favorable a nuestras armas (…) La nueva situación permitió exigir a Estados Unidos la participación de Cuba junto a Angola (…) Para la nación norteamericana resultaba urgente encontrar una solución negociada, que mejorara, además, su imagen y sus relaciones con África”, cuenta.

Crocker se vio obligado a admitirlo, las negociaciones estaban a punto de cambiar para siempre. Como manifestó en el libro Cien Horas con Fidel, el líder de la Revolución cubana “aquel personero de la administración Reagan sabía que con Cuba en la mesa, junto a Angola, no prosperarían la maniobra burda, el chantaje, la intimidación, ni la mentira”.

Estados Unidos fue constreñido a comprometerse en organizar un encuentro entre los países que participaban directamente en el conflicto: Angola y Cuba de una parte, Sudáfrica de la otra. Durante todo en año 1988 se realizaron diez reuniones, en la que se negociaban los términos del Acuerdo, hasta su firma definitiva el 22 de diciembre en Nueva York.

“En ese momento mi pensamiento voló hacia el futuro —afirma Risquet—. Era como si se estuviera firmando la orden de excarcelación de Nelson Mandela y el acta de defunción del oprobioso régimen del apartheid”.

(Tomado de Cubahora)

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