Los 498 años de La Habana

La Habana cumple hoy 498 años de fundada en medio de un jolgorio particular que suma no solo a sus habitantes habituales, sino a viajeros llegados desde todo el mundo. Cada vez más cerca del 500 aniversario, la Oficina del Historiador de la Ciudad lidera un movimiento perpetuo de acciones y obras con vistas a que el quinto centenario sorprenda a La Habana con un rostro nuevo, fiel a su pasado; con sus edificios y monumentos en óptimas condiciones; y los servicios – para nacionales y visitantes foráneos – cada vez de mejor calidad.

Desde la madrugada, las personas -más como tradición que como superstición- piden deseos para sus futuros, sobre todo aquellas personas que visitan la cercanía del árbol de ceiba, donde mismo estuvo uno similar, de generaciones antiguas, el fundador.

Declarada entre las siete Ciudades Maravilla del Mundo, La Habana justifica ese y otros muchos reconocimientos no solo por su belleza y movilidad, sino por las tradiciones de su gente.

El paisaje urbano bien conservado, gracias a la Oficina del Historiador de la Ciudad (Eusebio Leal) y a las serias intenciones del Ministerio de Turismo (Mintur) y otras instancias ciudadanas, parece hoy una Babel en materia de idiomas, comprensiones y personas.

Fundada definitivamente en 1519 a la sombra de un frondoso árbol, una Ceiba, La Habana, capital de Cuba, devino de repente en ciudad cosmopolita cargada de viajeros de todas partes del mundo deseosos por conocerla en profundidad.

Un ambiente delicioso se respira en sus calles por donde pasean gente llegada desde cualquiera de los cinco continentes, hablando su idioma, pero compenetrándose con los capitalinos de la única manera posible: mediante la cordialidad.

Aquí se pueden observar las bondades principales del turismo, como unificación y comprensiones comunes de diferentes culturas y pueblos.

Cuba, y La Habana como esencia de esencias, representa a un pueblo muy mezclado, donde las principales procedencias lo constituyen lo español y lo africano, pero también confluyen lo chino, haitiano, alemán, francés, hebreo y de otras muchas partes.

La Villa de San Cristóbal de La Habana, como realmente es su nombre se fundó un 16 de noviembre de 1519 a orillas del Puerto Carenas, luego de que en 1515 tuviera un asentamiento inicial en la costa sur del país.

Esta primera ciudad en la zona occidental insular la definen los expertos como un lugar de grandeza debido a sus monumentos y por una escala humana relacionada mediante sus valores patrimoniales únicos donde se asientan cinco siglos de historia.

La bahía se conformaba en punto de reunión de toda la flota española en su viaje hacía la metrópoli llevando las riquezas de todo el hemisferio occidental, custodiadas estas flotas por barcos de guerras, bajo el constante asedio de corsarios, piratas y naves de potencias rivales.

Visto su atractivo particular de urbe invadida en 1555 por piratas y en 1792 por la flota inglesa, sus murallas y refugios, conservan pedazos, piedras y vestigios de mucho valor para los viajeros.

Toda su riqueza fue premiada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) al declararla Patrimonio de la Humanidad en 1982.

Es la capital de la República, abarca completamente 732 kilómetros cuadrados y posee 15 municipios de los cuales nueve son totalmente urbanos, de ellos 4,5 kilómetros cuadrados pertenecen a parte vieja, la más interesante (con 2,2 kilómetro en el eje recreativo-histórico).

Se trata del eje del turismo en Cuba, pues por sus calles se pasean más del 90 por ciento de todos los viajeros que llegan al país tanto en plan de descanso como en negocios o atención médica.

La Habana fue seleccionada en diciembre de 2014 como una de las siete ciudades maravilla del mundo, dentro de la iniciativa New7Wonders.

La ceiba de El Templete

Este 16 de noviembre la villa de San Cristóbal de La Habana conmemora su aniversario 498. Tres vueltas en sentido contrario a las manecillas del reloj dan los habaneros a la ceiba de El Templete. El ritual consiste en tocarla, como si fuera a una deidad, como si se esperara algo de ella. Ya tiene más de ocho metros de altura, y es oriunda de la  comunidad Las Terrazas, en Artemisa. hay quien le hecha monedas, le reza, dejan allí, a su resguardo, confidencias, deseos y aspiraciones. Cuestiones de salud, ansias de casamiento o de viajes, y hasta solución de conflictos maritales u otros personales se le “piden” a este árbol de gran significación para algunas religiones, que en las de origen africano representa a Iroko.

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La ceiba es considerada la casa de todos los santos. Es el árbol sagrado de la religión afrocubana, también de los mayas, de los aztecas de los incas. Existen controversias en cuanto a los nombres de la ceiba y de Iroko. Así, muchos religiosos y hasta experimentados Babalawos discuten hasta nuestros días que se trata del mismo árbol. Sin embargo, la Ceiba, siempre ha sido llamada Araba en Nigeria, e Iroko sería la caoba, que nunca estuvieron completamente de acuerdo en ningún asunto.

Sobre esta ceiba, situada a los pies de El Templete —singular espacio diminuto, de arquitectura neoclásica, en cuyo estrecho recinto descansan los restos del pintor francés Jean Bautista Vermay (1786-1833), y donde según se cuenta se celebró el primer cabildo de la ciudad— se han tejido disímiles leyendas.

En siglos pasados algunos historiadores la consideraron “apócrifa”. Tal fue el caso del patriota villareño Antonio Miguel Alcover (1875-1915), quien fuera traído hasta nuestros días por el investigador Félix Julio Alfonso López en su artículo publicado en internet La Ceiba y el Templete: historia de una polémica.

Según consideraciones de Alcover los cubanos no debían reverenciar este supuesto árbol bajo cuya sombra “se habrían arrodillado, sin fe ni sentimientos nobles, algunos sátrapas de los que, como Tacón, Balmaceda y Weyler, pisaron y ensangrentaron nuestro suelo”.

Por otra parte, el sabio Manuel Pérez Beato (1857- 1943), quien en los últimos años de su vida fue historiador de La Habana, también se opuso al ritual alrededor del árbol, por considerar que tenía una connotación ominosa, pues aquí azotaban a los “delincuentes”, que incurrían en determinadas penas.

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Los azotados eran los negros esclavos criollos o africanos sorprendidos hurtando casabe para vender o alimentarse, quienes eran condenados a cien latigazos amarrados al tronco descomunal, de gran sacralidad. El sabio etnólogo cubano Don Fernando Ortiz ofreció un giro radical en las creencias que se tenían hasta esos momentos. En su opinión, contraviniendo a la tradición que prevalecía desde José Martín Félix de Arrate y Acosta (considerado como el primer historiador cubano), el simbolismo de la ceiba no era eminentemente religioso.

“Creemos que la ceiba del Templete —afirmó categórico— fue el emblema de la municipalidad de la villa de la Habana y el más antiguo y permanente emblema de libertades ciudadanas que conservamos en Cuba”.

Cada 16 de noviembre —fecha en que se fundó San Cristóbal de La Habana— el lugar es visitado por cientos de personas, que no desde la noche anterior esperan para realizar el ritual, y desde horas tempranas del día hacen sus ruegos con el propósito de evitar las aglomeraciones y las largas colas.

Según se cuenta, la primera de estas ceibas murió a mediados del siglo XVIII, y a partir de entonces tales ejemplares han sido reemplazados varias veces desde que el gobernador el capitán Francisco Cagigal de la Vega (ortodoxo y profanador de monumentos históricos) mandara a cortar la primigenia.

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Foto: Alexis Rodríguez
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(Con información de Prensa Latina y CubaSi)
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