A pesar de “María”, Puerto Rico sigue en el mar Caribe

Hace casi un año que la desgracia tocó a Puerto Rico. El huracán María sacudió las construcciones reales, pero también las políticas. Mantener la ilusión de los beneficios de un capitalismo tropical para servir de postal al mundo, se volvió insostenible para Washington. Una verdad a gritos, principalmente luego que el desastre natural puso en evidencia cuan estrecho es el concepto de libertad para una colonia estadounidense, más aún en la era Trump. El mismo que, después de Dos semanas del paso de María, se personó para arrojar rollos de papel sanitario, ¿recuerdan?.
Vale preguntarse ¿cómo piensa el gobierno de Estados Unidos que se reconstruye un país sin liquidez?. ¿Para quién es la reconstrucción, si los boricuas han sido privados de manejar sus propios fondos y no tienen acceso a ayudas internacionales porque dependen de lo que aprueba el Congreso de su metrópolis?. Por otra parte, aun cuando paga, Roma desprecia.
El monto para gastos administrativos y trabajos de recuperación anunciado por la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA), llegará tarde (ya lo escuchó) y no alcanza ni para el parche, teniendo en cuenta que la crisis más profunda no la ha dejado el huracán, sino la dependencia.
Al no ser estado de los Estados Unidos, Puerto Rico no posee un derecho político pleno para exigir ayuda, no lo quieren ni en el Congreso, ni en el Ejecutivo.  Pero, claro, la publicidad sigue contando a otro Borinquen: playas, sol, palmeras, y ahora un boom de ventas inmobiliarias, aprobado por el Gobierno de Roselló para recaudar dinero, regalando por pedazos al país. ¿Sorpresa?. Para nada.
Washington pone buena cara al mal tiempo, sobre todo, cuando encuentra el modo de sacar provecho a la desgracia ajena. El propio Trump (con sus elipsis, sus lecciones de geografía y sus tuits) es la pura síntesis de la actual política de Estados Unidos hacia San Juan. Otra forma de decir “aceptarás los hechos y esperarás migajas”.
Pero los golpes enseñan. Del Capitolio, los boricuas no tienen mucho que esperar.  Aunque alto, sigue ahí el llamado “poder inteligente”. Un ejemplo es la legislación presentada por la senadora Elizabet Warren y Bernie Sanders (sí, el ex candidato presidencial). Un Plan Marshall para Puerto Rico, Lo más cercano que se ha visto este año a una propuesta para el alivio parcial de la deuda boricua.
La iniciativa es bien difícil que prospere, pero devolvió la discusión a la luz, aunque sea para manifestar la humillación que sufre una población que también es estadounidense y vive bajo el estigma de no merecer nada de quien se lo quitó todo.
Pero Puerto Rico sigue en pleno mar Caribe, comiendo frijoles, bailando salsa, hablando español, luchando contra su propio bloqueo. Puede estar seguro. Las coincidencias no existen en geopolítica.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *