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2019: Un año trascendental para la izquierda latinoamericana

2019: Un año trascendental para la izquierda latinoamericana

A propósito de la asunción presidencial este jueves de Nicolás Maduro para su segundo mandato, saco a relucir el tema electoral en 2019 para América Latina. Al igual que en 2018, en este año coinciden los números de procesos de carácter general o presidencial, 6 para ser exactos, pero de países más pequeños y de menos influencia regional si tenemos en cuenta que los pesos pesados México y Brasil ya se definieron en los pasados 12 meses, por cierto, ubicandos en extremos políticos, ya usted lo ha visto, la propuesta trasformadora y progresista de Andrés Manuel López Obrador frente a la gestión de Jair Bolsonaro, el imitador de Trump por excelencia.

El Chavismo continúa en el poder por la vía electoral

También se definió ya Venezuela, les decía que comienza hoy un nuevo período, país que ha resultado el más mirado con lupa en el área pero que concluyó una maratón de comicios, donde el chavismo se impuso holgadamente y esto fue más fácil por la retirada malhumorada y castigadora, aunque sin efecto, de la oposición.
No por ello podemos soslayar los procesos electorales venideros.

Los comicios en El Salvador, Uruguay y Bolivia son trascendentales para la izquierda latinoamericana

Tocará el turno, por orden a El Salvador, Panamá y Guatemala en el primer semestre de año, y en octubre, un mes de locura comicial: Uruguay, Argentina y Bolivia. Para la correlación de fuerzas hemisféricas, los más trascendentales entonces resultarán El Salvador, Uruguay y Bolivia, ahora mismo con gobiernos más a la izquierda, que la derecha buscará destronar, y Argentina que es otro grande económicamente hablando, aunque atraviese en este momento su peor crisis desde el llamado corralito financiero.
En este sentido, el llamado pulgarcito de Centroamérica donde domina el Frente Farabundo Martí, parece abocado a un cambio de gobierno, porque los partidos de derecha se han encargado de aumentar el desprestigio de este movimiento exguerrillero usando la misma carta que en otras naciones latinoamericanas: la corrupción de la élite gobernante.

Uruguay promete una campaña más tranquila, donde puede permanecer el liderazgo del izquierdista Frente Amplio, aunque aun sin candidato visible porque el actual jefe de estado, Tabaré Vázquez anunció su retiro de la política. Bolivia acaparará mucho más revuelo mediático, porque Evo Morales se apresta a repetir mandato, ya despejó el camino legal para ello, y por supuesto que desde entonces comenzó la cruzada de críticas para buscar sacarlo de la carrera. Sin embargo, el presidente indígena ha resultado ser el mejor posicionado, el más estable y el de mayor cantidad de logros tangibles, de todo el auge progresista de la llamada década ganada de principios de siglo.

Panamá y Guatemala deparan escenarios más tradicionales

Panamá y Guatemala deparan escenarios más tradicionales, contradictoriamente en medio de situaciones más inciertas. Y es que allí aun hay deudas con el sistema electoral en sí, baste decir que en el segundo ha habido en poco tiempo un golpe de estado y luego unas elecciones calificadas de fraudulentas incluso por la OEA, ese organismo de sesgada visión política. Además de cercanía geográfica, estas dos naciones comparten los desafíos de la migración, la violencia, el narcotráfico y el mayor de todos: la corrupción, tanto así que Panamá tiene a un expresidente tras las rejas, me refiero a Ricardo Martinelli, quien ha deslizado la idea de presentarse a los comicios del 19 ahora como fórmula vicepresidencial de uno de los candidatos.
Para el final Argentina que tendrá un pulso fuerte entre un Mauricio Macri que aspira a prorrogarse en la Casa Rosada y su rival Cristina Fernández en medio de acusaciones y juicios para sacarla de la contienda. Lo cierto es que las fuerzas están fragmentadas tornando incierto el futuro. Así las cosas para una América Latina que busca rumbo.

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