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17 de Diciembre, una fecha para reflexionar

17 de Diciembre, una fecha para reflexionar

El 17 de diciembre ha devenido una fecha para reflexionar. Hace exactamente tres años ¿quién no se emocionó al ver, más o menos por esta misma hora, descender del avión a tres héroes cubanos tras una larga batalla política y jurídica por su regreso, y escuchar por parte de los presidentes de Cuba y Estados Unidos el anuncio de que las relaciones bilaterales tomarían un nuevo rumbo?

Se abrió un periodo complejo, algunas cosas se volvieron difusas para quienes quisieron verlas así, hubo tibiezas, oportunismo y manipulaciones. Sin embargo, en general todos coincidían en que se caminaba en la dirección correcta; pero el camino fue muy corto, y es hora de hacer algunos balances.

Por ejemplo, hoy, cuando tenemos delante a Donald Trump, parecería injusto o fuera de lugar cuestionar a Barack Obama, sin dudas el presidente estadounidense que más lejos llegó en ese camino, pero ¿recuerdan ustedes cuando desde La Habana se repetía una y otra vez que el entonces mandatario podía hacer mucho más? ¿Qué podía dejar bases más sólidas para hacer menos reversible el proceso de acercamiento? El tiempo le dio la razón a Cuba, cuando se le hacía esa exigencia a Obama no era para cuestionar la sinceridad de sus planes, sino para evitar este presente que sufrimos, en el cual sentimos que todo lo que se construyó se está cayendo a pedazos. ¿A quiénes dejó quieto Trump? Bueno, pues no pudo encarar a algunos negocios ya establecidos como las compañías de cruceros o los vuelos de aerolíneas estadounidenses. ¿Cuánto pudo haber quedado, me pregunto, si la pluma del expresidente Obama hubiera sido más ágil?

Los cubanos, en los últimos meses hemos recibido una triste clase magistral de la hipocresía del sistema político estadounidense, de los verdaderos poderes que mueven sus hilos, de los intereses que prevalecen, de sus contradicciones internas y de su cinismo. Tenemos una idea más clara del lugar que tiene Cuba en el debate político estadounidense actual, de cómo se nos ha pretendido tratar como una carta de cambio en busca de favores.

Sería bueno analizar también el papel que podría jugar, y no juega, esa comunidad de cubanos en Estados Unidos. No basta con querer normalizar relaciones para poder viajar a Cuba y robustecer los lazos familiar, no basta con estar en desacuerdo con Trump, es necesario exigir esos derechos y organizarse de ser necesario para ejercer presión dentro de la lógica de funcionamiento de esa sociedad, de ese país. Otra pregunta, la extrema derecha de origen cubano ¿estuvo realmente tan maniatada? ¿No subestimamos su capacidad de reacción? No emito criterio sobre esto último, solo plantea interrogantes.

Pero más allá de todo, hay una gran lección, una lección histórica: el devenir de Cuba dependerá por sobre todas las cosas de la capacidad de resistencia de los que vivimos aquí adentro, entiéndase, de nuestra capacidad de vencer obstáculos internos y externos dentro de ese camino que hemos escogido. En eso seremos firmes como hasta ahora, y entonces podemos asumir a Trump como un impase, como un mal momento, y será inevitable a mediano o largo plazo, que las relaciones bilaterales entre Cuba y Estados Unidos lleguen a un punto satisfactorio, como merecen ambos pueblos.

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